Si el Montseny tuviese puertas, la de entrada estaría en Tona. Y es que Tona tiene un aire único, especial. Tiene este tono, entre rústico y señorial, de las masías. Tiene el don de acoger a todo aquel que busque paz y generar nuevas hornadas sin parar. Este es el caso de Ramon Solà.
La historia de La Ferreria se remonta hasta 1567. Era una antigua casa de herraje de animales y de hospedaje de viajeros que llegaban a la comarca de Osona. Con el paso del tiempo, la antigua masía se fue transformando y actualmente, en manos de Ramon, ha dado un paso adelante hacia la cocina de autor imaginativa y de técnica depurada, sin renunciar a las raíces tradicionales de nuestra cocina.
Inicialmente, se formó en la Escuela de Restauración y Hostelería de Barcelona, pero donde realmente aprendió la ciencia de los fogones fue durante sus estancias de 6 meses en los establecimientos de grandes profesionales con Martín Berasategui, Marc Veyrat y Santi Santamaría.
Ramon Solà es autor de una cocina cuidada, de técnica depurada, de imaginación desbordante, raíces tensadas, sensata y con ímpetu, sentida y sensual. Es la cocina pequeña, que no menor, que viene de lejos y apunta alto. Platos de la tierra y de época, de Osona y del siglo XXI.
Distancias: A 58 km de Barcelona, 69 km de Girona, 40 km de Manresa y 15 km de Vic.
Los transportes públicos para llegar a Tona son: el tren, Renfe: línia Barcelona-Vic-Puigcerdà, estación de Tona. En autobús, la companyia Sagalés.
Viniendo de Ripoll por la N-152, tomar la salida Tona norte; viniendo de Barcelona, salida Tona sur.