Ignasi Camps se convirtió en cocinero ya de mayor. Y en lugar de hacerlo peregrinando a los mejores fogones del mundo, lo hizo yendo de cabeza a los riscos del Collsacabra, a una atalaya desde donde la vista planea sobre la comarca de Osona. Aquí ha encontrado todo lo que un cocinero sueña con tener cerca para poder realizarse en este oficio y compartirlo con sus clientes: un entorno idílico y un gran variedad de productos auténticos. Estas son unas condiciones idóneas para alcanzar su vocación y convertirla en una gran virtud: ser cocinero y codearse con los mejores.
Era el año 1989 cuando Ignasi, de 29 años, se instaló en Cantonigrós, en la Fonda, que le sirvió como escuela. Dos ambientes diferentes, ambos con elementos altamente enriquecedores, conviven en el pueblo: el de los que viven allí todo el año y el de los sólo pasan temporadas. Dos estilos de vida y dos culturas cuya conjunción resulta altamente enriquecedora. De naturaleza curiosa y de carácter autocrítico, Ignasi se propuso conocer a fondo el pais, su gente y sus productos, como base de la cocina que le encanta y le seduce. Las primeras críticas de amigos fueron amables y positivas: iba aprendiendo y adquiriendo técnica junto a grandes cocineros. Se impregnó de la energía y el empuje de Ferran Adrià, y de la sensatez y juicio de Nando Jubany. De Pep Salsetes aprendió la devoción por el producto estacional, y de Llorenç Torrado todo el saber de la cocina del pais. Sus orígenes campesinos le permitieron plantar raíces en el campo, participar en la vendimia y sentir el tibio calor de los fogones. Desgrana recuerdos rústicos de cocido, efluvios de cacerolas, terciopelo de crema...
En el invierno de 1998, en plena campaña de la Cocina de la Trufa, Ignasi cruzó el umbral que separa la cocina de diario de la fiesta de los sentidos que supone la cocina culta. La fonda quedó pequeña: ya no cabían ni las ideas ni la ambición. Ca l'Ignasi es un restaurante personal y familiar, en el que el tándem cocina/comedor está dirigido por hijo y madre. El hogar crea en el suelo un punto cargado de afecto, las paredes de piedra de las antiguas cuadras (s. XVIII) son testigo del paso del tiempo. Los entrantes están compuestos por pocos elementos (berenjena y queso), la sensatez impregna de resistencia los platos (cola de buey), el ímpetu es dulce y la miel amarga.
Se accede a Cantonigrós desde la N-152, salida Manlleu viniendo de Ripoll y tomando la ctra. Manlleu-Olot, viniendo por el Eje Transversal (C-25) y saliendo por Roda, ya sea desde Barcelona, como desde Girona o Manresa por el Eje. Pasando Roda hay que continuar por la ctra. de Vic a Olot (C-153). Transporte público: bus, autobuses Pous, desde Manlleu y Vic. Distancias: Barcelona 90 km, Ripoll 36, Manresa 52, Vic 24.